lunes, 18 de octubre de 2010

La Puerta Azul

Mientras paseaba por aquellas calles tenía una sensación extraña, pero reconfortante. Me di cuenta de que conocía cada uno de los recovecos de aquel lugar, aunque era la primera vez que iba a Grecia.

Una extraña fuerza me llevaba por ellas, como si me arrastrase a algún sitio concreto.
De repente me encontré delante de una puerta azul mar y me quedé extasiada mirándola. Como en una película, cientos de imágenes vinieron a mí. Una chica alta, flaca, con el pelo largo y los ojos muy grandes parecía mirarme desde dentro, aunque la puerta estaba cerrada.

Pude ver con claridad imágenes que parecían de otra época: " Dos niñas, una de ellas la niña que acababa de ver, corrían y saltaban por las escaleras que tenía detrás", me volví pero allí no había nadie.

Volví a mirar la puerta y vi una gran mesa rodeada de gente, una familia de otra época, no muy lejana, comían, reían y comentaban lo bien que lo habían pasado en la fiesta del mar del día anterior, las dos niñas estaban también en la mesa. La puerta seguía cerrada.

La escena cambió, dos chicas adolescentes se besaban apasionadamente, una de ellas era con toda seguridad la niña pequeña que había visto jugar en las escaleras.

Un sudor frío me recorrió el cuerpo, la otra chica tenía un extraño parecido a mí, tenía la sensación de haber vivido esa escena, me llevé la mano a los labios y los noté aún cálidos y húmedos.

"Berta, Berta, ¿qué te pasa?". Mi compañera de viaje, mi amiga y actual pareja Beatriz, me hizo volver a la realidad. "No sé, Beatriz, aunque no te lo creas, acabo de verme en otra vida y tú, también estabas allí".